jueves, septiembre 14, 2006

Jabón

Después de que me colgaste el teléfono el despertador empezó a sonar. Me paré de la cama y me metí en el baño a sacarme ese olor de la boca, mezcla agridulce de chocapic y leche agria. Mientras me cepillaba los dientes, me miré a los ojos y me di cuenta que tenía cara de muerto maquillado, así como de prostituta mal traída, o peor aún, como la cara del primero que se queda dormido en un carrete de colegio. Esa fue la primera vez que sentí pena de mí mismo. Y la última, por cierto.

Luego abrí la llave del agua caliente y me senté en la orilla de la tina a esperar, pasando los dedos por debajo del chorro, como apurando, como si tuviera donde ir. Una vez desnudo, me metí en la ducha y dejé la cabeza bajo la lluvia que me acarició el casco y las orejas, como tú anoche, pero con más delicadeza.

Treinta minutos más tarde me acordé que estaba vivo, y una vez seco, bajé, toalla en la cintura, a la cocina por mi desayuno. Cuando se me acabó el cigarro, subí, sin toalla, a vestirme.

Pero algo pasó, algo distinto ocurrió este día. Cuando orinaba sonó el teléfono. Sonó y sonó tan fuerte que la vecina golpeó la pared en señal de reclamo. Sabía quien era. Lo hiciste a propósito, tú dejaste ese jabón en el suelo, a un costado del "water". Sabías que yo orinaba dando la espalda a la puerta. Lo calculaste todo. Retrocedí apresurado sin siquiera sacudirme y me resbalé, pisé donde no debí, donde tú quisiste, porque hasta el último minuto me controlaste. Y la manilla de la puerta me abrió la cabeza como tú lo planeaste, porque eres inteligente, observadora.
Me arrastré como pude hasta mi pieza, abrí el cajón, agarré un cuaderno, un lápiz y comencé a escribir, a narrar los acontecimientos del último día de mi vida, que fue tuya hasta el final, que se diluía gota a gota sobre la cama, y que guardarás en tu velador, bajo 7 llaves, junto a la de tus otras víctimas, porque cuando tú termines de leer, y te regocijes en tu lecho nocturno, yo ya estaré muerto y sepultado en tu memoria, como lo estuve toda mi vida.